El cuento oscuro – 1era parte

„Muchas personas sostienen que los fantasmas no existen. A veces se dice que son una creación de nuestra imaginación o el resultado de echar de menos los que ya partieron. Sin embargo a cada uno de nosotros, al menos una vez en la vida, ha ocurrido ver o escucharlos. Lo que habíamos hecho con esto es otro asunto. La mayoría de nosotros intenta ignorar lo que acaba de percebir. Nos persuadimos que hemos sido las víctimas de una confusión o alucinación. Atribumos los extraños ruidos, que nos despiertan a veces en la oscuridad de la noche, al crujido del suelo o las escaleras, cuya madera se encoge por la humedad. Nos explicamos los misteriosos susurros con los corrientes de aire o roedores. Las extrañas sombras que llenan el apartamento por la noche desaparecen al encender una luz eléctrica fuerte. Resultan las prendas de ropa colgadas en las perchas. Estallamos entonces de risa y agitamos la cabeza con asombro por nuestra propia incredulidad. Esta risa, no obstante, con frecuencia resulta sorprendentemente teatral, como si quisieramos convencer a nosotros mismos y dormir tranquilamente hasta la mañana. Las sombras, sin embargo, siempre vuelven tras apagar la luz y tú intentas no ver que otra vez hay demasiadas de ellas.

Los difuntos nos aparecen en los sueños, a veces sorprendentemente reales, y durante mucho tiempo tras despertar tenemos la impresión de su presencia. ¿Quién de nosotros no ha percibido en la muchedumbre la silueta bien conocida de un amigo difunto, hasta tal grado que se ha quedado sin aliento?

Paré por un momento de golpetear el teclado del portátil. El texto no fue de los peores, ¿ pero llegaría a convencer a cualquiera? ¿Qué dirían en la redacción? Es indiscutible que ya no se escribe así. El estilo del artículo, demasiado poético y lírico, podría ser considerado una barata imitación de los maestros de la novela de terror como H.P. Locvecraft o, del nuestro vecindario, Grabiński [1]. En el caso de este primero, debería añadir más palabras tipo ´blasfemo´, ´repugnante´ u ´ominoso´. Los cuentos de terror contemporáneos deberían de estar escritos con un lenguaje simple y contener las escenas fuertes de sexo y violencia. Nada intrigaba a los lectores tanto como los hectolitros de sangre. Las ventas de nuestra revista habían crecido notablemente después de publicar la historia de un cura violado con un periódico firmemente enrollado y luego castrado con unas tijeras de jardín. Finalmente el miserable fue estrangulado con una cuerda de arpa. El asesino-sadista resultó ser un hombre abusado en el pasado por el cura.

Sin embargo desde aquel éxito las ventas de nuestra revista disminuían constantemente. Igual eramos insuficientemente aterradores o simplemente empezábamos a compartir el destino de todo tipo de similares revistas nicho en papel como ´Los torturadores´, ´Crímenes y erótica´ o ´Las sensaciones sangrientas´.

Durante este tiempo el jefe de redacción se rompía la cabeza con los métodos de subir las ventas. Inventábamos todo tipo de, en nuestra opinión, temas chocantes y diversificábamos la revista con unas ilustraciones más o menos repugnantes. Nada faltaba allí – un hombre al que un grupo de adolescentes cortó la cabeza por diversión y luego la envió por correo a su mujer. La historia de un criminalista-carnicero, quien mataba a las chicas, cortaba sus pechos y luego los freía y servía a toda la familia, que no sospechaba nada.

Bueno, no eran unos textos demasiado ambiciosos, a ocasión de muchos casi vomité, sobre todo teniendo en cuenta que en muchos casos los inspiraban historias reales. La crueldad, pornografía y violencia emigraban no obstante al internet, que llegó a ser una verdadera mina de este tipo de contenido, y las ventas no crecían para nada.

El jefe de redacción llegó a la conclusión de que era el tiempo para cambiar el perfil de la revista a uno más espiritual y esotérico. ´Dedicado a los que sienten y saben más´. Por supuesto, todo era una mentira desde el principio hasta el final. Los cuentos sobre los fantasmas llamados por las jóvenes chicas en las residencias de estudiantes durante unas sesiones espiritistas. La historia de una chica poseida por los siete impuros demonios, que hablaba arameo fluido y escupía clavos con los que habían crucificado a Jesucristo. La entrevista con un vidente que preveía una hecatombe nuclear a la que sobrevivirían solo las cucarachas. Etc. Al final, no obstante, las ideas para los textos se acabaron y entonces – llegó esa carta. Misteriosa. En enl primer momento la habíamos considerado una broma. Decía exactamente lo siguiente:

Escribo a vuestra rdacción, porque estoy leyendo vuestra revista desde hace bastante tiempo. La estoy comprando en nuestro quiosco. Queréis un buen tema, pues id a una escuela, su dirección está abajo. Mi señora trabajaba allí hace tiempo y lo que contaba no cabe en la cabeza. Pasó algo allí que tuvieron que cerrar y evacuar a la escuela entera. Una parte de los niños desapareció y se perdió su pista. La gente hablaba que había algo allí, y los que luego se fueron a la escuela, huían como si les persiguiese el diablo mismo. Enviad allí a uno de vuestros periodistas, tal vez se va a enterar de algo más y va a describirlo. Pero mejor durante el día y no por la noche, porque por la noche hay demasiado miedo y más de uno de los que entraron, no ha vuelto.

Leímos esta carta escrita en un polaco mediocre dos veces y – hablando francamente – nos reímos bastante con el Jefe. Sospechábamos que lo había escrito un viejo loco. La escritura estaba llena de los garabatos y las letras colocadas con una mano temblorosa. Abajo se veía la dirección de la escuela – un pueblo perdido, en el quinto pino, en algún lugar de Bieszczady. La firma decía: Vuestro Antoni.

– Esto puede al final ser un buen tema para el material fotográfico – dijo el Jefe de redacción – pero no creo que algo de verdad esté allí.

– Anda – me ofendí – ir tan lejos… una perdida de pasta. No se sabe si la escuela sobre la que escribe este tío existe de verdad.

Finalmente, tras una discusión fervorosa, accedí. No sabía que ese viaje iba a cambiar mi vida.

 


[1] Grabiński, Stefan – escritor polaco, representante de la novela de terror

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